Obispo de Iquique llama a seguir trabajando por Tarapacá con ilusión, comunión y participación

Iquique 24 de septiembre de 2018 Por
El solemne Te Deum de Fiestas Patrias fue celebrado por Mons. Guillermo Vera Soto en la Iglesia Catedral de Iquique. La ceremonia religiosa fue encabezada por el Intendente Miguel Angel Quezada.
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Como cada 18 de septiembre, en la Iglesia Catedral, el Obispo de Iquique, Guillermo Vera Soto, presidió el solemne Te Deum, acción de gracias por un nuevo aniversario patrio. La ceremonia religiosa fue encabezada por el Intendente de Tarapacá, Miguel Angel Quezada; parlamentarios, gobernadores, alcaldes y secretarios regionales ministeriales, además de los jefes de las Fuerzas Armadas y de Orden.

En su homilía, que compartimos en extenso. Mons. Vera hizo un llamado a seguir trabajando por la Región de Tarapacá con "ilusión, comunión y participación".

HOMILÍA

Muy queridos hermanos y hermanas: al celebrar un aniversario más de nuestra querida Patria, la fe nos convoca en este templo catedral para alabar y bendecir al Señor de la vida y de la historia, que nos llamó a la existencia y nos confía la construcción de nuestro mundo.

Aquí estamos, hombres y mujeres, que, en nuestros diversos cargos y responsabilidades, somos llamados a servir, para que otros tengan vida y esperanza. Aquí estamos los hijos e hijas de esta tierra que la llamamos la copia feliz del edén, pero esa verdad no ha de ser solo por la belleza de su naturaleza sino sobre todo por la nobleza de su gente que procura con su trabajo el progreso y la paz. Sí, en la hermosura de la creación que nos rodea, vemos la mano del creador y artista divino, que al crear llenó de colores nuestro desierto, de riquezas las entrañas de esta tierra, hizo pródigo el mar, y generosa las pampas y quebradas. Pero, sobre todo, la huella del creador se manifiesta en el corazón de los hombres y mujeres que habitan esta tierra y que se sienten llamados a contribuir con su ingenio y trabajo al proyecto de la creación y los que miramos a Cristo como el salvador y hombre nuevo a reproducir sus gestos y palabras que siempre reaniman y dan esperanza.

Como creyentes, acabamos de escuchar la Palabra de Dios. En ella el apóstol nos invitaba a saber vivir y actuar como un cuerpo. Así como el cuerpo tiene muchos miembros donde cada uno cumpliendo su  función aporta al bien de todo el conjunto, así también cada uno de nosotros, en el lugar y con la tarea que hemos asumido o se nos ha confiado estamos llamados a contribuir al bien y grandeza de toda una región y nación. La imagen del cuerpo nos invita a pensar en la importancia de cada uno de nosotros y de nuestras tareas, nos invita a trabajar en unidad, nadie puede desertar de su lugar sin que el cuerpo se resienta, nadie puede trabajar por su cuenta, en el cuerpo todos sus miembros cuentan. Que esta imagen tan clara y precisa nos motive a buscar todas las formas de colaboración que hagan posible la realización de las nobles aspiraciones de todos, de manera especial de aquellos hermanos hermanas que en el cuerpo social son más vulnerables. El apóstol nos recordaba que entre nosotros no todos recibimos los mismos carismas y responsabilidades, pero sí la misión de cada uno es imprescindible para el bien de todos. A seguir entonces trabajando con ilusión, comunión y participación. Iquique y nuestra región necesitan, de más viviendas  dignas, los campamentos y las familias hacinadas no se condicen con la imagen de progreso que vemos junto al mar; necesitamos de barrios más seguros y limpios donde los niños puedan jugar tranquilos, en estas tareas nadie se puede restar, necesitamos de una salud más al alcance de todos y en el momento oportuno, de puestos de trabajos más seguros, de una lucha sin cuartel frente al flagelo de la droga, de una preocupación seria por tantos hermanos en situación de calle, de formarnos todos en el cuidado de la creación, de fomentar la capacidad de acogida con quienes llegan de lejos, de dar más vida a la vida de nuestros mayores que cada vez son más y que necesitan de nuestra cercanía y apoyo. Todo esto requiere mucho trabajo en comunión de las autoridades entre sí, de las autoridades con toda la comunidad, de la propia comunidad entre ella. El evangelio nos mostraba a un Jesús conmovido por la pena de una mamá que había perdido a su hijo. Qué bien nos hace pensar en un Jesús conmovido ante nuestras necesidades, pero también hemos de verlo que nos toca y con fuerte voz nos dice: “levántense”, sí porque en la realidad de nuestras vidas a veces estamos como adormecidos y nos logramos ver las potencialidades que llevamos dentro de nosotros mismos. Sí, démonos cuenta que somos capaces de muchas cosas si las buscamos y trabajamos no solos sino en comunión con los demás. Iquique, levántate, región de Tarapacá, levántate con el esfuerzo común de tus hijos e hijas, sepamos escucharnos, sepamos aportar, sepamos trabajar juntos, somos un cuerpo que se debe levantar y caminar, todos aportemos a ello.

La oración por nuestra Patria en su aniversario la hacemos en nuestra Iglesia Catedral, iglesia madre de la comunidad cristiana católica. Como Iglesia vivimos tiempos no fáciles, con todo sentimos la voz de Jesús que nos invita a levantarnos. Por eso como Iglesia seguiremos aportando con nuestro trabajo evangelizador, proclamando la grandeza del ser humano, de cada hombre y mujer, el respeto y la dignidad que cada uno de ellos tiene siempre y en todo lugar, pero proclamaremos también el plan y querer de Dios respecto al valor de todas y cada una de las vidas siempre y en todo o momento, la dignidad e importancia de la familia, la responsabilidad única que tiene los padres en la formación de los hijos, la grandeza del ser humano como Dios lo creó, estas cosas hemos de proclamarlas y enseñarlas aunque a veces en las circunstancias que vivimos pareciera mejor callar, pero ni siquiera nuestro pecado ha de llevarnos a acallar la voz del Señor.

Autoridades, hermanos y hermanas todas: Chile se nos ha dado como tarea, hemos de velar por su alma, es decir por nuestra sana convivencia, por el cultivo y cuidado de los grandes valores que hemos enumerado.

Nuestra fe en el Señor nos invita a confiar, a trabajar, a poner lo que esté de nuestra parte, no todo está perdido, ni menos muerto, el evangelio de hoy nos invita a mantener la esperanza. Los seres humanos somos capaces de sobreponernos, de volver a optar por el bien, somos capaces de volver a mirarnos a los ojos con honestidad, de iniciar caminos nuevos. Dios sigue alentando en lo profundo de nuestros corazones.

Queridos hermanos y hermanas les invito a que miremos nuestro Chile y nuestra región con ojos de esperanza, lo hagamos mirando cara a cara a los jóvenes que hoy nos acompañan y comprometámonos a colocar lo que esté de nuestra parte para que ellos puedan lograr sus justas aspiraciones y puedan encontrar una tierra donde desarrollarlas.

A la Virgen Santa, Nuestra Señora del Carmen, Reina y Madre de nuestra Patria, le pedimos cobije en su materno manto a los hijos e hijas de esta tierra y que Ella con su intercesión poderosa ante Jesús nuestro único salvador implore que Chile sea la gran nación de hermanos, donde cada uno tenga pan, respeto y alegría.

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